
Después de llevar varios años manteniendo un blog con un éxito de audiencia escaso pero suficiente (por la calidad de los pocos lectores/as que tengo), y teniendo en cuenta que la mitad del blog está dedicado a referencias musicales, es de recibo que rinda un extenso y merecido homenaje al grupo, y sobre todo al LP que marcó para siempre mis gustos musicales, que resultó ser un iniciador químico para las posteriores preferencias que habrían de surgir en mí y que fue refugio de tardes y noches interminables con los cascos puestos, soñando e imaginando en el calor de mi cama. Y lo que tiene más mérito después de todo lo que he cambiado; sigue siendo una de mis compañías predilectas.
Corrían las postrimerías de los 80’s, con toda su purpurina, las hombreras y los peinados encrespados, y un lánguido servidor de ustedes perdía el tiempo que tendría que haber dedicado a estudiar en oír música. Oír unos grupos y autores que en ese preciso momento estaban desde hacía una década en decadencia, aplastados por el punk, el heavy metal, el pop y la incipiente electrónica.
Cuántos vuelos me propició Mike Olfield con su Tubular Bells y sobre todo con su Crisis, álbum que tengo que volver a escuchar algún día. Aunque tengo miedo de que me suceda como con Mazinger Z, que cuando lo volví a ver de mayor, ya nunca fue lo mismo. Uno de esos grupos que no se comió un colín en los 80-90 fue precisamente Jethro Tull, que además arrastraba tras de sí el peor lastre que puede tener una formación; haber alcanzado ya sus dos, tres o cuatro álbumes de más éxito.
Desde hacía mucho tiempo me llamaba mucho la atención en la revista de distribución postal Discoplay, esa portada en la que aparecía una especie de hosco mendigo con cara de malas pulgas. Era este mendigo, cómo no, el Sr. Aqualung, otro de los LP’s míticos del grupo, así como de la historia del rock y la música en general.
Por alguna razón que no recuerdo, quizás una recomendación, el primero de los álbumes de Jethro que cayó en mis manos fue el Thick as a brick. En vinilo, con su periódico original. Quiero explicar esto último para quien nunca haya visto el disco de vinilo original: El disco venía dentro de su sobre de cartón como era habitual en los discos de vinilo. Sin embargo el sobre se abría como un libro, y dentro, plegadas, habían como 4 hojas más, imitando el diario de un pueblecito inglés: El St. Cleve Chronicle & Linwell Advertiser. En él aparece en primera página la noticia de que al pequeño Gerald Bostock, le han concedido un premio por una poesía, la cual no es sino la letra de la canción. Pinchando en el nombre, más anécdotas sobre el crío y el diario.

Por desgracia para mí, no soy de esos que recuerdan para siempre sus primeras sensaciones cuando…lo que sea. Pero lo que sí recuerdo, es que este fue un disco que desde la primera pinchada en el plato conectó conmigo y yo con él. Fue a rescatar directamente del subconsciente muchas imágenes esculpidas en mi cabecita por algunas películas, cómics y libros que había leído. Y de eso tuvo la culpa un estilo musical al que se le ha dado por llamar rock progresivo, y la flauta medievalera del líder del grupo y compositor de casi todos los temas; Ian Anderson.

El disco está compuesto por un único tema dividido en dos partes, una por cada cara del vinilo. Tanto al final de la primera parte, como al principio de la segunda, se oye el soplar del viento, lo que da continuidad a toda la obra.En el CD se puede escuchar de un tirón. Aunque no suena como el vinilo, ni por asomo. La lista de instrumentos utilizados es grande, aunque lo que da entidad a la obra es sin duda la flauta de Ian, su voz, la guitarra de Martin Barre, y los diferentes teclados. El tema es sin duda progresivo, ya que parte de un movimiento melódico y sencillo sobre el que se van incorporando fragmentos de auténtico virtuosismo y se va elevando la tensión. El efecto “subidón” al que algunos entendidos relacionaban con el LSD, al considerar que el rock progresivo intentaba reproducir los efectos del “viaje” causado por esta y otras drogas, se deja sentir en la contundencia de los pasajes de la segunda parte y la cadencia del ritmo, que aumenta…pues eso, progresivamente. Los fraseos típicos del jazz y de la música clásica, e incluso barroca, asoman por todas partes. Todo en conjunto compone una obra sinfónica (aunque no es rock sinfónico), homogénea, con un hilo conductor definido.
La letra es compleja. Se supone que es un poema del chaval de ocho años que he mencionado antes. En ella se hace una crítica al militarismo y a la sociedad sumisa con él. La interpretación de Ian Anderson es dramática, con toques folk.
Un poco después cayó en mis manos el soberbio Aqualung, que no hizo más que reafirmar, refrescar y continuar las sensaciones que me dio Thick as a Brick. En realidad, Aqualung es un LP anterior a Thick.
Como podéis ver, es quizás “el disco” de mi vida. Seguramente tuvo mucho que ver en que después de él vinieran: King Crimson, Jimi Hendrix, el jazz en general. Y lo que es más importante para mí, aunque no sea todo obra de Jethro Tull, el gusto por la música celta y de raíz en general, para evolucionar después en la música de cámara y barroca, en cuyo descubrimiento estoy ahora inmerso. Una parte de mí es como es por este disco. Ahora me doy cuenta de ello y estoy sencillamente encantado.
Como curiosidad, en un episodio de los Simpson, Martin aparece tocando el tema, pero Lisa lo interrumpe de un sillazo, aunque en los créditos finales sigue sonando.

Naturalmente, esto lo estoy escribiendo escuchando el Thick as a brick.