Moraleja y consideraciones finales.
Lunes, Agosto 7th, 2006
Supongo que algo como estar 8 dÃas caminando una media de 30 km diarios, con unos 9-10 kg de peso en la espalda, con un dolor de pies como no se consigue en ninguna sesión de rebajas, durmiendo poco y mal, en solitario durante un 70% del tiempo, da a cada uno que lo vive el material para extraer su propia moraleja. Esta debe estar relacionada Ãntimamente, casi con toda seguridad, con aquéllo en lo que más flojeamos.
En mi caso mi moraleja es la que sigue:
No sé cuántos pasos he dado, supongo que unos cuantos cientos. Pero no dar uno solo de ellos, aunque sea el pasito más corto, o aquél con el que casi te matas cuesta O Cebreiro abajo, es suficiente para no poder dar el resto de pasos que te llevan al final.
Dicho de otra manera, Para llegar a O Cebreiro hay que pasar por A Faba, para llegar a Triacastela, hay que pasar por O Cebreiro, y asà sucesivamente.
En la vida, intentamos (o intento) correr demasiado en demasiadas ocasiones, y saltarnos pasos, que son imprescindibles para llegar. Ahà queda eso.
En otro orden de cosas:
El camiño está sucio por culpa de los peregrinos sucios. Después de pasar por una casa donde vendÃan frambuesas naturales, recién cogidas, el camino estaba diseminado de cajitas de plástico. Una pena.
El camiño te puede deparar sorpresas inesperadas, como la marta que và salir apresuradamente de un maizal, o la ardilla que subió presta a un eucalipto. En el camiño hay que mirar más arriba de nuestros propios piés.
En el camiño puedes observar a gente muy mayor, chicas con sobrepeso, y todo tipo de personas con dificultades, hacer las etapas igual que tú, pero a otra velocidad. Párate a hablar con ellos, te lo agradecerán y aprenderás.
Del camiño se puede aprender o sentir la experiencia, o no, dependiendo, como siempre en la vida, de cuánto nos expongamos o nos abramos para ello.
Para mÃ, en resumen, ha sido maravilloso.
El camiño no es de los peregrinos, no es una autopista para el turismo, son senderos, carreteras, calles, que son usados por la gente que vive en los pueblos que atraviesas. No te quejes si hay bostas de vaca o si pasa un tractor, agradece que el camino sigue ahÃ, señalizado y saluda a la gente de esos sitios.










