Nuevos mensajeros
Martes, Octubre 31st, 2006
Esta noche, troceando una redondita cebolla sobre la tabla, me he puesto a llorar por ella. ¡Vaya! No sabía del amor que inconscientemente le profesaba.
Pero en serio, hoy no he podido dejar de pensar en la manera que tenemos de destruir algo y fagocitarlo sin más, aunque lo amemos. Este es el caso de nuestro planeta.
Todo el mundo debe haber conocido estos días a través de los medios de comunicación el informe presentado por el gobierno británico acerca del cambio climático, y sus consecuencias, no solo desde el punto de vista biológico, sino que también expone el receso económico que supondría para la sociedad global. A la sazón, tenemos al vicepresidente del gobierno demócrata de Bill Clinton, de los EEUU, presentando en Valladolid su documental “Una verdad incómoda” sobre este mismo tema.
Se están viviendo cambios importantes, no en el contenido del mensaje, que ya conocíamos, y lo único que se hace es aportar nuevos datos, sino en los mensajeros que lo distribuyen a la sociedad. Ya no son las ONG tachadas de catastrofistas las que en tono pesimista advierten, casi desde el ostracismo obligado, que la vaca se está quedando sin leche, que no podemos seguir generando residuos sin más. Ahora, las alarmas están llegando de fuentes que son más mediáticas e institucionales.
Y es que el estado de bienestar que nos hemos montado en el primer mundo, es una ensoñación fatídica, engañosa, que nos ofrece la felicidad mediante el consumo compulsivo, impulsando valores individualistas, contrarios a fomentar el diálogo entre las personas, los colectivos, y fomentando sentimientos como el clasismo, la envidia. No estamos muy lejos de Matrix, Un mundo feliz o 1984.
Y me vienen a la mente todas estas películas norteamericanas en que los estadounidenses solitos, salvan al resto del mundo de difíciles situaciones, plagas biológicas, ataques extraterrestres, meteoritos, terroristas muy malos, etc. Y sin embargo, a la hora de la verdad, no saben salvarse y salvarnos de una manera mucho menos dramática y sensacional; apoyando los objetivos del protocolo de Kyoto, y dando ejemplo con ello a potencias emergentes como China o India.

