Día 5, Jueves, 3-VIII-2006 De Ferreiros a Palas de Rey

Hoy hemos salido muy temprano. La historia es llegar hasta Palas de Rey, para que al día siguiente la etapa de Melide sea solo de 15 km y tener el resto del día para digerir el pulpo y descansar. Estaremos a 2 jornadas de Santiago.

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Mi amiga empieza a tener problemas en un talón y me dice que vaya tirando, ya nos veríamos en algún punto clave.

Para cuando llego a Portomarín ya le he sacado tal ventaja que me da tiempo a almorzar y no la veo llegar. Ha sido otro tramo con chubasquero. Continúo el camiño.

La etapa de hoy es de 34 km sin subidas ni bajadas especialmente difíciles. Aldeas, hórreos, bucólicos paisajes.

Palas no llega nunca. Se me hace eterno, Las ampollas y rozaduras amenazan con aparecer. Los mojones indicativos que están plantados cada 500 m tardan en llegar entre uno y otro. Los gemelos avisan. Las plantas de los piés parece que se van a abrir.

A unos 10 km de la meta y a las 12:30 me encuentro al peregrino sevillano del pulpo esperando que abran el albergue de Ligonde. Tentación de quedarme con él. Le saludo, intercambiamos cuatro opiniones y continúo. Solo son 10 km más. Llevo casi 8 horas caminando.

En el siguiente pueblo, una furgoneta se lleva las mochilas de toda una familia. Casi arrastrándome a la llegada a Palas de Rey me adelantan igual que se adelanta a un caracol. Claro, yo llevo 9 o 10 kg a las espaldas y 32 km en los piés.

El albergue está lleno. A estas alturas esto ya está masificado. Hace tiempo que casi todos los posibles caminos han confluido y se nota. Me pongo a buscar hostelerías. Doy con una libre. 15 euros, baño compartido. Habitación para mí solo. No hay el ambiente del albergue, pero otros peregrinos que conozco acaban alojándose aquí también. Todos coinciden en que la etapa ha sido muy dura para los piés.

Como bien, ceno bien, actualizo la web. Justo en la puerta de la pensión está el mojón indicativo informando que quedan 65 km para Santiago. Y mañana: ¡Pulpo!

No tengo ampollas, ni rozaduras, ni tendinitis.

He llevado todo el camino unos gallumbos prendidos de la mochila para que se sequen. Me temo que mañana tendré que hacer lo mismo con la ropa de hoy.

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